"Si un cristiano no es revolucionario en estos tiempos no es cristiano", ha dicho el Papa Francisco durante la inauguración este lunes del Congreso Diocesano de Roma, ante más de 1.000 participantes a los que impartió la catequesis 'No me avergüenzo de ser cristiano'.

El pontífice se dirigió así a los fieles que acudieron al Aula Pablo VI con motivo de la apertura del simposio eclesiástico de la diócesis de Roma y pidió a los presentes "ser portadores de la palabra de Jesús".

"No entiendo las comunidades cristianas que se encierran en la parroquia", aseveró el pontífice que instó a no tener miedo al diálogo con otras comunidades e invitó a ofrecer "esperanza cristiana con el propio testimonio, con la propia libertad y con la propia alegría".

Así Francisco, que llegó al Aula Pablo VI a pie acompañado del cardenal vicario Agostino Vallini saludando a los muchos fieles que quisieron acompañarle, quiso explicar qué significa vivir bajo la gracia de Dios.

"Debemos pedir el don de la generosidad de la gracia, el valor y la paciencia de salir y anunciar el Evangelio", señaló el pontífice, quien explicó que "valor y paciencia" son las dos virtudes necesarias para "salir de uno mismo" e ir allí donde los "hombres y las mujeres viven, trabajan y sufren y anunciarles la misericordia del Padre que se hizo conocer en los hombres en Jesús".

El papa indicó que "las revoluciones de la historia han cambiado sistemas políticos y económicos, pero ninguna de ellas ha cambiado verdaderamente el corazón del hombre: la verdadera revolución la cumplió Jesús a través de su resurrección".

"Es una verdadera revolución y nosotros somos los revolucionarios de esta revolución, porque nosotros vamos por este camino de la más grande mutación de la historia de la humanidad" , ponderó.

Francisco pidió a los presentes a no mostrarse indiferentes ante los problemas de una ciudad como Roma y se refirió además a los jóvenes y a los que entre éstos "desean experimentar cosas y no encuentran sentido a la vida hallando en el suicidio una solución".

"¿Sabéis cuántos suicidios tienen lugar en día en el mundo? La cifra es alta, porque no tienen esperanza, han probado muchas cosas y la sociedad, que es cruel, no siempre puede dar esperanza", dijo el pontífice.