Originarias de cinco comunidades vecinas a Somotillo, las 25 socias son dirigidas por Olga María Maldonado, presidenta de la cooperativa y quienes además de procesar y confeccionar la semilla de jícaro a partir del productos de los arbustos de jícaro sabanero, expenden su producto en las comunidades vecinas, pero incluso ya salieron a venderlo a Honduras y El Salvador.

Olga María Maldonado explica que están trabajando en cada comunidad de la cual son originarias, pero como están empezando apenas están produciendo dos quintales del cereal de semilla de jícaro por semana.

La potencial de producción es mucho más alta pero todavía no tienen la capacidad necesaria, por lo cual, asegura la compañera Maldonado, que están buscando como capacitarse más y como obtener un crédito por medio del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), institución que les está apoyando para que puedan desarrollarse.

Actualmente las 25 socias tienen mercado directamente en sus comunidades que son La Concha, Las Brisas, el Bonete, Cañanlipe  e Israel, donde expenden su producto, así como viajan a El Guasáule a venderlo, en tanto que señalan que antes estaban si hacer nada, ahora gracias al apoyo del gobierno tienen una actividad que les genera ingresos.

Las 25 socias recolectan el jícaro, lo cortan, abren, y secan para después limpiar la semilla, para finalmente revolverla con arroz y canela y luego molerla y empacarla en bolsas plásticas, aunque por el momento sin marca registrada y sin código de barras, lo que están buscando como obtener a través de un financiamiento.

Buscan permisos para ampliar mercado

Al respecto Guillermo Salgado, quien apoya a la cooperativa “Produciendo el Jícaro”,  destacó que las socias están intentando tener no solo mercado en las cinco comunidades de las cuales son originarias, sino tramitar todos los permisos a través de financiamiento que están solicitando al IDR y de tal manera darle mayor valor agregado a su producción de cereal de semilla de jícaro.

Esta cooperativa está tramitando también sus permisos de salud, su código de barras, su marca para poder entrar al mercado competitivo de los mercados y de los supermercados, aún cuando ya han llevado de su cereal hasta Honduras y El Salvador, explicó Salgado.

Con la solicitud de nuevo financiamiento la cooperativa de mujeres está buscando como comprar una empacadora al vacío para que vaya en forma más higiénica al consumidor y con una calidad más alta.

Explico a la vez que el proceso de búsqueda de expandirse, explicó que uno de los proyecto posibles de la cooperativa es el de producir alimento balanceado para ganado a partir de la pulpa del jícaro, la cual contiene un gran valor proteínico y ayuda a al animal a producir más leche.