El temor de que en cualquier momento la tierra se les deslizara debajo de los pies a causa de la violencia del oleaje del lago Xolotlán, o por el peligro de que las aguas que bajan de las Sierras de Managua por el cauce oriental barriera sus humildes casitas, llevó a ocho familias del anexo a la colonia Pedro Joaquín Chamorro a aceptar por fin trasladarse hacia un lugar seguro y con viviendas dignas.

Colocados en la parte más baja de Managua, los vecinos del anexo a la Pedro Joaquín Chamorro ya no podían ocultar el temor que les provocaba el silencioso pero constante crecimiento del lago Xolotlán, así como las inundaciones que también resultaban de los cauces repletos a causa de las lluvias torrenciales del invierno.

De acuerdo con el teniente coronel Mario Rivas Pérez, segundo jefe de la Defensa Civil afirmó “estamos tratando de evitar que las familias que hasta ahora habitan aquí vayan a salir afectadas si hay un derrumbe por eso los vamos a trasladar a Villa Dignidad”.

Para el traslado, el Ejército de Nicaragua dispuso 31 soldados miembros de la Brigada Humanitaria de Rescate, cinco vehículos pesados y uno liviano, además también estaban trabajando en el traslado nueve policías.

Todo ese personal procedió de inmediato a ayudar a los familiares a desarmar las casitas y a cargar con los enseres del hogar de cada una de las familias habitantes del amenazado sector.

El teniente Coronel Rivas Pérez destacó que aún quedan en Managua un total de 68 puntos críticos en diferentes distritos y advirtió que los dos más peligrosos del distrito cuatro son el de la loma de Chico Pelón y precisamente el del anexo a la colonia Pedro Joaquín Chamorro.

Anteriormente se negaron a abandonar el sitio

Reina Isabel Quiñones, quien habitaba en ese rincón a las orillas del lago de Managua, dijo que “ya anteriormente el gobierno había querido llevarles a otro sitio que estaba siendo preparado, pero nosotros no quisimos y ahora lo estamos haciendo obligados por el lago que se está comiendo la tierra haciendo peligrar nuestras casitas”.

La compañera Quiñones expresó “mi familia estaba en riesgo donde estábamos por las crecidas del lago y con los vientos que nos escapaban de votar las casitas, ahora estamos súper mejor, más cómodos, más seguros y doy gracias a Dios por esta bendición, también a nuestro presidente Daniel Ortega y a la compañera Rosario Murillo que nos ayudaron como personas pobres que somos”.

Entre tanto, Rosa María Calero manifestó “lo que dejé atrás no me gustaba, ahora lo que tengo en el presente es lo mejor, no me sentía bien estando ahí, primero por los riesgos de mis niños porque donde estaba era muy peligroso con el deslave de la tierra y ahora voy a estar más tranquila y estaré viviendo en una casa digna”.

La tierra estaba cediendo ante la fuerza del lago

El lago se llenaba y pegaba con el paredón, socavaba la tierra donde estaba asentada mi casa y requeríamos seguridad. Mis niños peligraban, pero ahora tenemos un nuevo hogar con mejores condiciones”, explicó la compañera Calero.

Con una historia similar, Sujei Tapia González dice que estuvo viviendo por casi 30 años en el sitio del cual ahora está saliendo. “Ahora tengo que salir porque la playa nos está amenazando, las olas del lago nos van quitando terreno del pedacito donde habitamos y ya han comenzando a derrumbarse partes del paredón, lo cual es un peligro para nuestras familias”, dice la compañera González.

Añadió que hasta ayer no podían dormir tranquilos porque el nivel del lago podía subir repentinamente y eso está ocurriendo ahora al llegar nuevamente el invierno, lo cual hace que el sitio donde viven sea ahora más inseguro.

Por su parte María Gallegos manifestó “estamos siendo trasladados porque tenemos problemas, estamos rodeados por la izquierda y por la derecha por el lago y por el cauce, por lo tanto me siento contenta porque estoy saliendo del peligro en que vivíamos y le agradezco mucho al señor presidente, a la compañera Rosario”.