La vicepresidenta compañera Rosario Murillo reflexionó este mediodía sobre la importancia del respeto entre los pueblos del mundo, en este momento histórico en el que la humanidad vive un cataclismo.

Y bueno, viendo los medios, leyendo los medios, vemos esperanza. Mucho se está hablando ya de tantos países, ciudades, capitales, regiones que están dicen abriendo, saliendo, entendiendo que a un lado y como prioridad la salud y a la par y como prioridad también con todos los cuidados y con todas las medidas las luchas para trabajar, para ganarnos la vida honradamente en todas partes. Las consideraciones sobre la necesidad de asegurar trabajo, tantos empleos que se han perdido en todo el mundo, aquí hemos trabajado cada día gracias a Dios, cada día procurando que las personas, las familias, las comunidades tengamos lo básico, porque estos no son momentos para lujos, no son momentos para derroche, no son momentos tampoco para el egoísmo, para la codicia, para los que siempre quieren acaparar y no están viendo como la vida nos muestra, Dios nos muestra cuan equivocado ha estado el mundo, la humanidad cuan equivocada, siguiendo modelos de vitrinas, de escaparates, pero no realidad, porque la realidad ha sido el abandono, el abandono de los seres humanos. Como dice el santo padre el descarte de los seres humanos. Todos los días también le pedimos a Dios que esta circunstancia que nos ha tocado vivir, que han sido difíciles, y que todas las personas de buen corazón elevamos cada día nuestras oraciones al señor para que pasen y aprendamos. Que atravesemos las circunstancias difíciles aprendiendo en todas partes y en los lugares donde se ha sido más inclemente con los pobres. Que aprendamos los seres humanos donde se ha sido más grosero con los pueblos. Que aprendamos los seres humanos, que aprendamos a ver que nada, absolutamente nada prevalece, que la ley de la vida es el cambio y que la ley de la vida es aprender a vivir con solidaridad, pensando siempre en el bien común, pensando siempre en los demás, no solo en cada uno, o no solo en nuestras dichas o desdichas personales, sino en todos”, expresó la compañera Rosario.

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Cuántos líderes empezando por el papa Francisco han dicho: ‘Solos no nos salvamos’. El mundo debe caminar a la comunicación, a la coordinación, al reconocimiento de que somos interdependientes, por muy ricos que seamos. Ya todos sabemos además cómo se genera la riqueza en tantas latitudes, la riqueza que tiene muchas veces, no todo el tiempo, pero muchas veces un piso, una raíz de injusticia, de aprovechamiento, de explotación, pero bueno, que todo, todos, que toda la humanidad entendamos que debemos cambiar, que no podemos seguir siendo sometidos a cadenas de odio. Cómo es posible que a estas alturas de la civilización, de la historia de la humanidad, no entendamos que nos corresponde aprender y saber librar las batallas. Pedirle a Dios que el señor nos libre de la pandemia principal que son los malos sentimientos, las malas, tóxicas emociones, la codicia, la avaricia, el afán de dominio, el afán de exterminio y el afán permanente de explotar para dominar. Pero bueno, tratamos de aprender, tratamos de aprender y decimos Dios proteja a aquellos que no quieren ver, no quieren oír, no quieren saber, no quieren entender que este mundo ha sido sacudido por un Cataclismo, el diluvio, el equivalente al diluvio bíblico y ahora necesitamos como humanidad, ver, saber, oír, entender, aprender a vivir de otra manera, sobre todo a ver con respeto al prójimo, respeto básico”, agregó.

Nadie puede imponer culturas ni realidades ajenas

La compañera Rosario Murillo, valoró que “nadie puede imponer a los pueblos a estas alturas de la historia o seguir y pretender seguir imponiendo a los pueblos otras culturas, otras realidades, otras que llaman (…) aunque nunca puede ser legal, imponer injerencias. Nunca puede ser legal. Cada país tiene, cada pueblo, su cultura, su modelo, su manera de vivir, su manera de rezar, su manera de creer, cada pueblo. Nadie puede imponer de manera absolutamente irrespetuosa modelos que tal vez funcionen, aunque hemos visto cómo no funcionan esos modelos en otras partes, pero no los podés trasladar, no los podés seguir trasladando mecánicamente de un lugar a otro y decidir que esa es la ley en cualquier territorio o que esa es la cultura que debe imperar en cualquier territorio”.

En ese sentido recordó el principio de libertad. “Somos libres, somos libres. Los pueblos si algo tenemos es capacidad de aprender, porque tenemos humildad, somos humildes y sabemos que todos los días son para aprender. De verdad nuestros pueblos no son esclavos. Entiendan, no somos esclavos. Tenemos fe y confianza en Dios. No creemos ni en las arrogancias, ni en las supremacías, ni en quienes han construido imperios sobre la sangre, el sudor, las lágrimas, el sufrimiento, la muerte de tantos seres humanos en el planeta. No les creemos. Creemos en Dios todopoderoso que creó los cielos y la tierra. Creemos en Dios y sabemos que Dios es misericordioso. Sabemos también que Dios puede cambiar corazones porque todo lo puede. Pedimos a Dios que desde nuestros corazones brote el nuevo mundo, porque primero tiene que nacer en nosotros el mundo de buena voluntad. Gloria a Dios en el cielo y nuestras plegarias para que las mujeres, los hombres seamos de buena voluntad”, indicó.

También señaló “cuánta esperanza se ve porque en cada lugar se están buscando formas innovadoras para cuidarnos, para querernos y para trabajar, y recuperar si acaso se puede el tiempo perdido, pero sobre todo para ponernos a trabajar desde el corazón y labrar valores diferentes. Eso es lo que le pedimos a Dios sanar corazones, abrir corazones y lograr que como humanidad sembremos, cultivemos y cosechemos cariño, cariño y más cariño, respeto a la dignidad del ser humano, al trabajo que genera dignidad al ser humano, respeto a la vida en todas sus formas, en todas partes. Y compañeros, compañeras aquí estamos con buena voluntad, con los corazones que quieren crecer en valores y que le piden a Dios que nos permita a todos crecer en valores y nunca ser parte de la pandemia de odio, nunca, al contrario crecer en valores que es crecer en sentido de familia, de comunidad y crecer en en cariño”.

Vivir con respeto a la dignidad de todos los seres y los pueblos

La vicepresidenta reiteró que “en este mundo donde hemos vivido un cataclismo nos corresponde aprender a ser respetuosos. Nos corresponde aprender a vivir con respeto a la dignidad de todos los seres y de todos los pueblos, porque el hecho de que seamos países pequeños no nos hace objeto de persecución y objetos de destrucción. A estas alturas de la historia de la humanidad tendríamos que haber aprendido a respetarnos, a querernos en nombre de Jesús. Todos somos hijos de Dios, todos nos sentimos parte de una común humanidad. Todos somos hermanos. No corresponde condenar, a nombre de qué a nadie, a nadie, a una vida que no le pertenece a nadie más que a cada uno y a los pueblos y mucho menos hacerlo a nombre, a nombre de qué de infamias, de calumnias, de mentiras tejidas por unos cuantos miserables, soberbios, miserables. Pero bueno, como hemos aprendido a lo largo de nuestros años en este plano de vida, todo se paga, todo mal pensamiento o todo mal corazón, la lucha y la oración es para que se disipen los malos pensamientos, las malas intenciones, los malos corazones, pero hay que tener conciencia siempre de que uno genera las acciones correspondientes a lo que uno hace o siembra, sembrar para cosechar”.

Hay quienes siembran vientos y tempestades. Somos un pueblo pacífico, somos un pueblo amoroso, somos un pueblo cristiano y solidario y si creemos en los milagros de Cristo-Jesús, que es capaz de cambiar corazones, sentimientos, pensamientos, porque más que nunca la humanidad debe estar unida, los pueblos debemos estar unidos. Ninguna injerencia, ninguna interferencia, ningún intento de matar el alma de los pueblos es válido o es legítimo. Y mucho menos que sea reconocido. Para reconocernos como hermanos debemos tratarnos como hermanos y sobre todo con respeto. Ni la interferencia, ni la injerencia, ni las conductas abusivas logran ningún objetivo, porque los pueblos del mundo se supone que estamos para aprender dialogando, para aprender conversando, y para aprender de una relación respetuosa que reconozca el valor de cada uno como parte del valor de todos”, agregó.

Mencionó que no debemos “dejar de esperar, de tener confianza en Dios que todo lo puede, y Dios que todo lo vence y Dios que todo lo ve, para cambiarnos todos, empezando por cada uno de nosotros por supuesto y cambiar el mundo. Ojalá, Dios mediante, Dios nos valga como dice esa comunidad Válgame Dios, Dios nos valga. Y Dios que todo lo puede, estamos seguro de que seguirá derramando sus portentos, sus milagros sobre nuestra Nicaragua bendita”.

Vamos adelante, compañeros y compañeras, implacables en las luchas, la lucha por la salud, la lucha por la vida, la lucha para el respeto, la lucha por el espíritu comunitario, familiar en nuestra Nicaragua, implacables en la lucha generosos en la victoria. Somos un pueblo lleno de amor, un pueblo que cree, que crea desde esa fe que tenemos, un pueblo, un pueblo que va siempre más allá en luz, en vida, en verdad”, concluyó.