La vicepresidenta compañera Rosario Murillo, destacó este segundo domingo de Pascua la celebración de la solemnidad de la Divina Misericordia, y resaltó el mensaje del papa Francisco al mundo.

La compañera Rosario Murillo reflexionó sobre el extraordinario mensaje del papa Francisco “donde nos habla del riesgo de que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente”.

Nos habla del egoísmo y nos habla de ser misericordiosos como verdaderos cristianos. La primera comunidad cristiana, dice el Santo Padre, que se describe en el libro de los hechos de los apóstoles, había recibido misericordia y vivía con misericordia. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común, vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos según la necesidad de cada uno. Esto no es ideología, es cristianismo, dice el Santo Padre”, comentó la compañera.

Hoy día de la Divina Misericordia vivimos el cristianismo, queremos vivir el cristianismo en el mundo todos unidos alrededor del bien común, repartiendo todo entre todos según la necesidad de cada uno, eso es vivir con misericordia. Haber recibido misericordia, saberla agradecer y vivir con misericordia. No es ideología dice el Santo Padre, es cristianismo”, añadió.

Estamos seguros de que el nombre de Dios es misericordia. Así lo dice el Santo Padre y así lo vivimos, compasión, solidaridad, así es como queremos ir adelante en esta Nicaragua bendita”, valoró la vicepresidenta compañera Rosario.

En ese sentido, dijo que los nicaragüenses “agradecemos todas las señales del cielo que nos marcan caminos de esperanza, de amor, amor fraternal, de cristianismo compartiendo, compartiendo, conviviendo, compartiendo sin indiferencias, sin egoísmo, bien común”.

Comentó que “desde niños en la escuela insustituíble de nuestros hogares, de nuestras familias y comunidades aprendemos a rezar según nuestro modelo de fe como católicos rezamos el rosario, como cristianos, leemos la biblia y dejamos que la mano de Dios con sus caminos misteriosos, la sabiduría suprema de Dios nos guíe y fortalezca en este vivir, que es un combate y una gloria como dice nuestro Rubén".

"Desde niños aprendemos, y aprendimos y aprendemos caridad, compasión cristiana, misericordia, desde niños aprendimos a nunca ser indiferentes, todo lo contrario, aprendimos a descubrir el sentido de la vida, dar, alegrarnos dando y recibir la alegría de dar y redescubrir ese sentido de generosidad, de bondad, de solidaridad, de buen corazón, de buena esperanza cada día invocando al señor a Jesucristo nuestro príncipe, a nuestra madre María para los católicos y a todos nuestros santos invocarles para que los milagros del cariño, de esa misericordia divina nos hagan porque nos hacen mejores. Desde niños nos enseñaron y aprendimos a apartar los enojos, las diferencias, y buscar la concordia en la casa, en la familia, en el vecindario, en la escuela, la comunidad, en el barrio, entre los amigos, familia, buscar la concordia. Juntarnos, decíamos, me junto o no me junto con vos. Juntarnos, acercarnos, acercarnos siempre como hermanos. Desde niñas, niños, tratamos de aprender a ser misericordiosos, decíamos ser buena gente, ser buenos, ser generosos, misericordiosos, sabemos ahora en el nombre de Dios”.

Y en estos tiempos que transitamos siempre esperando aprender con humildad, este día de la Divina Misericordia es de grandísima importancia para aprender, para seguir aprendiendo, aprender qué es el perdón, aprender qué es la reconciliación, aprender qué es la unidad por el bien común, aprender qué es no repetición, aprender qué es abrir el corazón a las necesidades de todos y de cada uno”, añadió la vicepresidenta.

También manifestó que “la misericordia debe desplazar el egoísmo, la indiferencia desplazarla, la misericordia no conoce de odios ni rencores, la misericordia es el amor infinito de Dios que sabemos ver desde nuestra condición, desde nuestra fragilidad humana, el amor infinito de Dios que sabemos ver, que sabemos encontrar, incorporando precisamente a nuestra existencia la conciencia de fragilidad, reconocimiento del gran poder de Dios que se manifiesta en esa fortaleza que nos da cada día para caminar. Para seguir caminando se necesita gran fortaleza, la virtud como dice Darío de ser tranquilo y fuerte, la virtud del fuego interior, el alma, el espíritu que con ese fuego todo se abraza y se triunfa del rencor y de la muerte”.

“Vernos desde esa gran fuerza de caracter que debemos adquirir a través de la misericordia, vernos unos a otros como hermanos, como familia unidos por la fe y la esperanza que nos ilumina y que nunca declina, unidos  como hermanos, en este domingo de Divina Misericordia agradecemos a Dios por nuestras vidas, por nuestra salud, por la valentía que hemos aprendido y vamos aprendiendo a ir adelante siempre en el nombre poderoso de nuestro señor Jesús. En este día de Divina Misericordia, nuestro abrazo, nuestro saludo solidario a todas las familias de Nicaragua, a todas las mujeres y varones de todas las edades, a toda la juventud, a todos los niños y niñas que reconocemos a Dios, a Jesucristo, su único hijo, a nuestra madre María, como la llama sagrada, como la energía vigorosa que moviliza nuestras vidas, nuestro trabajo creador, nuestros empeños, nuestras aspiraciones, nuestros sueños”, dijo la compañera Rosario Murillo.

Y otra vez, otra vez, hoy domingo de misericordia en particular, con amor y esperanza, saludamos con solidaridad infinita a las familias, a los pueblos, a los gobiernos del mundo. Vivimos este día que es especial. Segundo domingo de Pascua dedicado a la Divina Misericordia, ansiando ese tiempo que nos anuncia el Santo Padre, el tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que afecta de raíz la salud de toda la humanidad”, también indicó la compañera Rosario Murillo.

Reiteró que el Santo Padre nos llama a conocer, a vivir la misericordia, “a descubrir a nuestra humanidad frágil pero que tiene a Dios siempre pendiente como padre, a Jesús siempre pendiente como rey del amor, de la paz”.

En ese sentido, destacó que “esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias, que no hay fronteras entre los que sufren, que todos somos frágiles, pero todos somos iguales y valiosos. que lo que está pasando, dice el Santo Padre, nos sacuda a todos por dentro. Es tiempo de eliminar la desigualdad, es tiempo de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad”.

Así tenemos que ser, tenemos que vivir, tenemos que comportarnos y conducirnos como cristianos, es nuestro deber”, afirmó la compañera Rosario.

"Que lindas palabras, cuánta enseñanza aprendamos a vivir como verdaderos cristianos aprendamos a dejar de ser egoístas, aprendamos a dejar de ser indiferentes, aprendamos desde el añor desarmado y  desarmante de Jesús a resucitar desde nuestros corazones, a acoger la solidaridad, la misericordia que es la salvación del mundo y a ser misericordiosos con el más débil sólo así recosntruiremos un mundo mejor"

Luego de leer algunos estratos del mensaje del Papa Francisco, la vicepresidenta de Nicaragua, compañera Rosario Murillo dio “gracias por ese enorme mensaje santo padre, paz y bien, paz y cariño, solo podrá haber un nuevo mundo, un mundo victorioso si aprendemos a vivir como hermanos, a compartir, a convivir como verdaderos cristianos, a ser misericordiosos, a vivir con amor, a vivir en paz, a estar unidos, solo así unidos tenemos futuro”.