La vicepresidenta compañera Rosario Murillo, destacó el mensaje del presidente comandante Daniel Ortega, quien este miércoles habló sobre la paz y la unidad de los pueblos frente a la pandemia que descarna el mundo actual.

Ayer hablamos, nuestro comandante Daniel nos habló con tanta elocuencia de la paz, nos habló de la conciencia que debe crecer en nosotros sobre la indispensable unidad de las familias de todo el planeta que vivimos estos tiempos de complejidad, la necesaria unidad no para la guerra, no para los armamentos sino para la paz, para la salud, para la vida, para compartir”, indicó.

Nos decía el comandante que las fuerzas transnacionales de las armas, del afán de dominio en cualquier parte del planeta o en todo el planeta es pecado y agregaba que Dios nos está alertando, nos manda con esta terrible pandemia una señal. Dice que es la oportunidad de hacer un cambio, un cambio hacia la paz, que es el momento de que los grandes recursos se decidan de una vez por todas, que los pueblos de los países que están, porque todos los países desarrollados o en proceso o caminos de desarrollo estamos sufriendo la embestida de esta pandemia, que los pueblos de los países desarrollados que sufrimos, que los pueblos que sufren en los países desarrollados golpeados terriblemente por la pandemia decidan y digan a sus gobiernos ya no más dinero para armas atómicas, para armamentos sofisticados y limitemos el armamento a la protección del territorio, a la seguridad territorial. Que los fondos que son miles de miles de billones se asignen para construir hospitales, centros de salud, atención para la salud y la vida para los pobres, para el pueblo para los trabajadores en todos estos países, para dotar de equipamientos médicos y tener condiciones para enfrentar situaciones como ésta, mundo desarrollado, ese mundo que ha excluido a tantos países del desarrollo, ese mundo, ese mundo que asuma una opción preferencial por la paz”, expuso.

A través de nuestro jefe de estado y de gobierno expresamos también ayer como todos los días solidaridad y oraciones, clamor, clamor de paz y bien, solidaridad y oraciones con las familias que sufren en todas partes, solidaridad y oraciones”, recordó la compañera Rosario.

La vicepresidenta compañera Rosario aprovechó para expresar la solidaridad con todos los hermanos y hermanas sufren por la pandemia de coronavirus, e hizo el reconocimiento a todos los trabajadores, brigadistas, médicos, campesinos, productores de Nicaragua que están en primera línea de batalla frente a la pandemia.

Reiteró el llamado del presidente Daniel que habló sobre cambiar las armas por salud y sobre la necesaria refundación de las Naciones Unidas. “Es el momento de trabajar para refundar las naciones unidas, para entendernos mejor, para promover la comprensión, cooperación solidaridad y complementariedad”.

La mejor arma que puede tener el comandante es la sanidad, la salud, la medicina, los hospitales, la medicina preventiva, la medicina curativa, para eso se necesita disponer recursos, y sabemos quienes tienen los recursos, y bien sabemos en qué los utilizan, por lo tanto es el momento de cambiar, cambiar el mundo, cambiar las mentalidades, cambiar los afanes, amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos. Cambiar, cambiar, cambiar, refundar, reconvertir, remodelar naciones unidas, refundación de todos los instrumentos de Naciones Unidas y también de los instrumentos que están totalmente desacreditados, desgastados, decrépitos, palabras del comandante Daniel el día de ayer. El mundo entero demanda refundación épica, moral y eso pasa porque los recursos se coloquen donde deben colocarse para salvar vidas, para promover vidas y para dar seguridad a la familia, dar verdadero amor cristiano a la humanidad”, indicó.

Estamos haciendo camino al andar

La compañera Rosario Murillo valoró que los nicaragüenses seguimos haciendo camino al andar y en ese caminar Dios nos permite distinguir la tierra prometida.

Y este 16 de abril nos encuentra haciendo caminos al andar como siempre, como todo el tiempo, haciendo y recorriendo caminos de encuentros de paz, de laboriosidad en el campo y la ciudad, nos encuentra promoviendo y defendiendo vida verdadera, vida natural, familiar, espiritual, vida con derechos, vida buena, vida con salud, vida sencilla, modesta, humilde, vida con alegría, sencilla, modesta, humilde”, indicó.

Agregó que vivimos tiempos que estamos haciendo de victorias, de vencimiento, grandes victorias espirituales, grandes victorias porque entre las pruebas, las tempestades, las rayerías, las tormentas, Dios nos permite distinguir la luz, la tierra prometida y continuar con valor, sin temor como nos enseñó Jesucristo, continuar navegando, continuar caminando como seres humanos de inmensa fe, seguros de que las batallas de hoy son batallas que muestran ya la necesidad impostergable de una nueva cultura.

Dijo que esa nueva cultura es la humanidad en coordinación, la humanidad en cooperación, en complementariedad, unión y con conciencia de derechos de unos y otros.

Denunció que los países pequeños hemos sido excluidos del desarrollo “ese desarrollo que no ha sido equitativo, que no ha sido justo, que muchas veces ha privilegiado afanes de dominio y hasta de extinción de nuestros recursos naturales, los bienes que son de todos y que debemos compartir porque son parte de nuestra casa común”.

Dijo que ese mundo desigual, impositivo, opresor y autoritario tantas veces opresor “ese el mundo que esta pandemia, decía ayer el comandante, está descarnando, es decir mostrando, poniendo en evidencia y que ojalá podamos desterrar, desterrar”.

Esta pandemia lo ha mostrado como es en carne viva, descarnado y descarnándolo, ojalá podamos, ojalá podamos desterrar ese mundo con la fuerza del bien”.

Ayer decía nuestro comandante, con esta pandemia Dios nos da una señal, nos dice no estamos bien, no se ha hecho bien las cosas en el mundo, Dios nos da una señal, el mundo está mal y nuestro Dios nos muestra otros caminos, convivir, compartir, complementarnos, recibiendo dones y bendiciones todos, los avances, las técnicas, las tecnologías, la ciencia debe ser para todos”, indicó.

Valoró que el mundo llamado primero nos debe tanto y es hora de que ese mundo desarrollado con tanta sangre nuestra reconozca sus deudas con nosotros “y reconozca que es pecado capital, que es sacrilegio seguir pensando en guerras, en armamentos, en ocupaciones, en dominio, seguir pensando sin tomar en cuenta la pobreza que ha venido dejando ese desarrollo, la destrucción, la extinción que ha venido dejando ese desarrollo, la humillación de la pobreza para los pueblos y para los seres humanos de todo nuestro mundo”.

Manifestó que en Nicaragua nos ilumina un sol que no declina “y nos ilumina la fe, Dios nuestro señor, el reconocimiento de la importancia del valor insustituible, valor patrimonial que nos distingue, que nos defiende nuestra vida en comunidad como familias, como hermanos. El reconocimiento que gracias a Dios también crece cada día de que en esta Nicaragua indispensable es desterrar odios y ambiciones que no caben y menos en estos tiempos. Desterrar la adoración a becerros de oro cuando todos sabemos que somos de barro, que de barro estamos hechos, de barro nos formó el señor, becerros de oro no hay y precisamente ahí vino la ira del señor cuando se adoraban los becerros de oro que todos pensamos y más frente a estas circunstancias tan particulares, la señal es dejen de adorarse los becerros de oro”.

Vivamos como hermanos, indispensable es unirnos, inevitable es la unidad, impostergable es la unión de los pueblos aquí en Mesoamérica, en Centroamérica, en nuestra América caribeña, en todo el mundo y aquí en nuestra Nicaragua la unidad por el bien común, como pueblo cristiano y solidario, como familias y comunidades, unidad para avanzar trabajando con empeño, dándole gracias a Dios por el trabajo y la paz, empeño, fe, trabajo y paz, salud”.

Resuenan las palabras “orgullo de mi país”

Valoró que este miércoles resonaron las palabras “orgullo de mi país”, en todo el territorio. “Orgullo de ser este pueblo que somos de cultura valiosísima, de fe, familia y comunidad, valerosa, valiosísima cultura que atesoramos. Este pueblo de fe, familia y comunidad y este pueblo bendecido y bendito, bendecido y bendito porque cada día renovamos las oraciones y recibimos renovadas bendiciones del padre, de Dios nuestro señor, y nosotros los católicos también de nuestra madre María”.