En los primeros tres meses del año 2020, un virus llamado Coronavirus, rabioso e implacable había asolado con dolor y muerte a los ciudadanos del mundo. Todos le temían y se encerraban en sus casas, las calles de esos pueblos lucían desoladas, sin vida. Al llegar a un pueblo llamado Nicaragua se extrañó que la gente estaba en sus labores cotidianas de todos los días, sin mostrar temor y menos terror por su crueldad.

Intrigado se acercó a un Nica que vendía agua helada en la calle y furioso le preguntó “Tú no debes leer las noticias” Tú no debes saber que yo soy el Coronavirus que cruel he asolado con dolor, destrucción y muerte en todos los continentes, y que en un instante puedo entrar en tú cuerpo y matarte” El Nica con mucha calma lo quedó viendo sin temor y le respondió: Tú, engendro del mal tampoco estás informado de cómo somos los Nicas, sabemos que tu mal nos puede matar en un instante, pero tú no sabes que somos un pueblo unido y solidario, de fe profunda en Dios; que aunque para los incrédulos y timoratos parezca una locura, creemos que Dios nos protegerá y salvará de ti; tú no sabes que nos hemos unido en oración al Señor y con esperanza, cumpliendo con disciplina las indicaciones para prevenir que tú nos hagas daño, esperamos con paciencia que el poder de Dios, que está sobre tu mal; nos salve, confiamos que Dios iluminará a los científicos para encontrar la cura a tu maldad. Al oír la armadura de fe de los nicas, el Coronavirus pasó por encima del pueblo y casi no causó dolor y muerte.