Niquinohomo, Masaya, Nicaragua, viernes 21 de febrero de 2020.

Sesión Especial de la Asamblea Nacional de la República Nicaragua en el 86 Aniversario del paso a la inmortalidad de A. C. Sandino.

Conferencia: Francisco Javier Bautista Lara.

 

En memoria de: Margarita Calderón y Rosa Sarmiento,

madres de Sandino y Darío,

Padre de la Revolución Popular Antimperialista y

Padre de la Independencia Cultural.

 

¿Qué decir de Sandino?, según el santoral nicaragüense y el santoral hispanoamericano, desde los héroes de la historia, desde la continuidad del tiempo…

Diré lo que han dicho otros, para terminar, diciendo, lo que también es necesario decir y volver a decir, a los jóvenes del presente y del futuro, para que, por olvido, la práctica no lleve a la traición, -el más grave de los pecados capitales-, para recordar y asumir el patriotismo y el antiimperialismo de este nuestro santo y héroe mitológico, rebelde y digno que hoy conmemoramos con devoción y veneración…

Leonel Rugama (Estelí, 1949 – Managua, 1970), otro de los inmortales, desde hace cincuenta años (20 enero 1970 – 2020), dijo de Sandino:

“Como los santos

Ahora quiero hablar con ustedes

o mejor dicho

ahora estoy hablando con ustedes

…/…

Ahora quiero hablarles de los santos

SANDINO

“Había un nica de Niquinohomo

que no era ni político

ni soldado”

luchó en Las Segovias

y una vez que le escribió a Froylán Turcios

le decía que si los yanquis

por ironía del destino

le mataban a todos los guerrilleros

en el corazón de ellos

encontraría el tesoro más grande de patriotismo

y que eso humillaría a la gallina

que en forma de águila

ostenta el escudo de los norteamericanos

y más adelante le decía

que por su parte al verse solo (cosa que no creía)

se pondría en el centro de cien quintales de dinamita

que tenía en su botín de guerra

y que con su propia mano daría fuego

y que dijeran a cuatrocientos kilómetros a la redonda:

SANDINO HA MUERTO.”

En otros versos, el joven poeta “que se salió del seminario para meterse a la guerrilla”, cuenta:

“En una noche de febrero

…/…

Y se oyó un hondo

gemido.

Sandino paría

las montañas del Norte,

…/…

Salvador Calderón Ramírez (Ocotal, 1871 – San Salvador, 1941), político, diplomático e intelectual conservador de pensamiento liberal, opuesto con patriotismo a la intervención norteamericana y a la traición de los vende patria, publicó: “Últimos días de Sandino” (México, 1934). Fue, por solicitud de Sandino, uno de los delegados a participar en la conferencia de paz que se celebraría en Managua, junto al Gral. Horacio Portocarrero, Escolástico Lara y Pedro Zepeda. Expresó su repudio, indignación y denuncia internacional ante el vil asesinato a traición y de cuyo escenario inmediato fue testigo:

“He escrito estas páginas sin odio para nadie, tembloroso de emoción y de dolor por la muerte de aquel de quien ni siquiera fui un prosélito, únicamente su admirador. Es simplemente un homenaje tributado a su memoria”. “…/… su figura llegó a ser el símbolo de un gran ideal y sus hechos heroicos adquirieron resonancias épicas y marciales”.

Así narró Calderón Ramírez lo ocurrido la trágica noche del miércoles 21 de febrero de 1934, hace 86 años (Últimos días de Sandino, -2013-, Aldilá editor, Managua; cap. 24, extractos pp. 33-38):

…/…

Por mi parte, yo no creía –no quería creer- que la protervia de los hechores del delito llegara al extremo de asesinar con tanto lujo de crueldad y de traición a los que, confiados e inermes, se acogieron a las garantías ofrecidas.

…/…

No tengo todavía alientos para describir el arribo de don Gregorio Sandino y de Salvatierra, quienes fueron sacados de la prisión por las gestiones del ministro americano Mr. Arturo Bliss Lane. El supremo dolor que los oprimía era imponderable. Sandino y sus ayudantes habían sido separados de ellos y conducidos en un camión, rodeados de guardias, con rumbo al campo de aterrizaje. Es decir, el convoy dirigióse a la parte oriental de la ciudad… Todos recordamos entonces los disparos que habíamos escuchado por ese lado y aumentó el tormento que nos embargaba…

…/…

– Nuestro auto rodó cuesta abajo desde que salimos de la Casa Presidencial… Sandino, don Gregorio y yo, estábamos en los asientos de atrás y en los de adelante los generales Estrada y Umanzor. Cuando nos deslizábamos sobre la avenida del Campo de Marte, al llegar al garitón del Hormiguero, frente al antiguo portal de dicho edificio, un destacamento de guardias nacionales nos detuvo. El que hacía de jefe voceó imperativamente esta orden:

– ¡El que levante la mano será matado!

Simultáneamente las ventanillas del vehículo aparecieron erizadas de ametralladoras. Sandino y sus compañeros fueron despojados de sus armas y se nos mandó descender. Al jefe del pelotón, me encaré yo diciéndole:

– Soy ministro y venimos de la Casa Presidencial ¿qué ocurre?

– Obedezco órdenes superiores.

Sin decir más palabras, hizo que entráramos al patio del cuartel.

Sandino conservaba serenidad inalterable y con el timbre de su voz firme e impregnada de suavidad, exclamó:

(Quizás sean estas las últimas palabras de Sandino antes de su inmolación):

– ¿Por qué semejante atropello? Hecha la paz, todos somos hermanos. Mi único afán propende al resurgimiento de Nicaragua por medio del trabajo, y en los años pasados he luchado por la libertad de nuestra patria. Hace pocas noches el general Somoza me ha dado un abrazo en señal de concordia y hemos canjeado nuestros retratos con dedicatorias efusivas en prueba de armonía. Llámenlo ustedes y que venga a decirme lo que desea. Nos explicaremos con toda cordialidad y mejor que nuestros labios se moverán nuestros corazones. El mío solo palpita por la Patria.

Mientras la voz de Sandino vibraba ansiosa y solemne bajo la claridad de los astros, alguno, desde el interior del cuartel, comunicábase por teléfono con el exterior. Así que hubo terminado acercóse a mí el teniente López y dijo:

– Usted y don Gregorio Sandino permanecerán aquí hasta nueva orden. Los demás habrán de seguirme.

Rodeados por los guardias, Sandino y sus ayudantes perdiéronse en la sombra…

Y sigue Salvatierra:

– Pocos momentos después escuchamos disparos de fusilería y ametralladoras.

Por la dirección del viento percibí que las detonaciones sonaban por el lado de mi casa. La silueta de don Gregorio Sandino destacábase en la claridad de la atmosfera, y díjome:

– Ya están matando a Sócrates y sus compañeros…

No pude contestarle, admirando la estoica serenidad y entereza del anciano.

Pasados unos instantes oímos el trueno lejano de las ametralladoras.

– Están matando a Augusto, exclamó don Gregorio, agitado por la emoción.

…/…

Más adelante, casi al final, escribió: “Sí, Sandino vive ya en la Gloria y vivirá eternamente en el corazón de los que lo amaron y en el remordimiento perenne y tenaz de sus victimarios”. Y concluyó su relato de repudio: “Nunca, jamás olvidaré las horas de la siniestra noche”.

Pero, ¡Sandino Vive! en la inmortalidad de su legado, de su pensamiento y su acción.

Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 1889 – Nueva York,1957), Premio Nobel de Literatura (1945), lo llamó “General de hombres libres, hombre heroico, héroe legítimo, como tal vez no me toque ver otro”, destacó la noble causa del “pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio”. Escribió múltiples artículos (1928 – 1930) en oposición a la invasión norteamericana en Nicaragua. Afirmó que Sandino era “héroe”, contra el calificativo de “bandido” que daba Herbert Clark Hoover, presidente de Estados Unidos (1929 -1933).

Después, Pablo Neruda (Parral, 1904 – Santiago de Chile, 1973), el de los inolvidables poemas de amor para todos los tiempos, Premio Nobel de Literatura (1971), lo llamó: “Aquel amigo” en Canción de Gesta (1960); Neruda lo nombró: “el capitán del pueblo: Augusto C. Sandino”:

…/…

Después Sandino atravesó la selva y despeñó su pólvora sagrada contra marinerías bandoleras

…/…

Sandino y Nicaragua: todo era tumba de

ladrones rubios: el aire, el árbol, el

camino, el agua, …/…

Sandino acometía y esperaba,

Sandino era la noche que venía

y era la luz del mar que los mataba,

Sandino era una torre con banderas,

Sandino era un fusil con esperanzas

…/…

Y en este canto quedará su nombre

estupendo como una llamarada

para que nos dé luz y nos dé fuego

en la continuación de sus batallas.

…/…

En la conocida “obra poética monumental”: Canto General (1950), dice (XXXVII):

Sandino (1926)

Corrieron hacia Nicaragua.

…/…

Sandino se quitó las botas,

se hundió en los trémulos pantanos,

se terció la banda mojada

de la libertad en la selva,

y, tiro a tiro, respondió

a los «civilizadores».

…/…

El escritor uruguayo Eduardo Galeano recogió en “Ventana sobre Sandino” (1985), con el subtítulo: “Sandino ¿ha vencido?” (1934):

“Somoza sale de la casa del embajador. Sandino llega a la casa presidencial. Mientras Somoza se sienta a trabajar con sus oficiales. Sandino se sienta a cenar con el presidente. Somoza cuenta a sus oficiales que el embajador de los Estados Unidos, Arthur Bliss Lane, acaba de darle su apoyo incondicional para matar a Sandino.

…/…

Mientras Somoza escucha los sonetos de Zoila Rosa Cárdenas, joven valor de las letras peruanas que honra al país con su visita, Sandino cae acribillado entre dos árboles de Guanacaste, en un lugar llamado La Calavera, sobre el Camino Solo”.

Carlos Fonseca Amador, en el Ideario Político de Augusto César Sandino recoge con brevedad el pensamiento político y patriótico del héroe de Las Segovias que vincula la continuidad histórica de ideales y propósitos, asumiéndolo como un instrumento fundamental para el análisis y la acción. Enuncia:

“la restauración de nuestra independencia nacional”

“Para destruir la injusticia ha sido necesario atacarla, y por eso hemos visto venir a muchos con esa misión sobre la tierra. Entre ellos está Jesús, y todo hombre que lucha por la libertad de los pueblos es un continuador de aquellas doctrinas”.

“defender la lealtad y el decoro nacional”.

“defender la soberanía de la Patria”.

“Mientras Nicaragua tenga hijos que la amen, Nicaragua será libre”.

“toda intromisión extranjera en nuestros asuntos, sólo trae la pérdida de la paz y la ira del pueblo”

El ideario sandinista comparte y transmite ideales de autodeterminación e independencia: centro americanista, latinoamericanista e indo-hispanista.

Augusto Calderón, el vecino de Niquinohomo, en el Manifiesto de San Albino, Nueva Segovia, el 1 de julio de 1927, dijo, con la fuerza de un hombre moviendo montañas:

“Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero”. …/… “Los pesimistas dirán que soy muy pequeño para la obra que tengo emprendida; pero mi insignificancia está sobrepujada por la altivez de mi corazón de patria, y así juro ante la Patria y ante la historia que mi espada defenderá, el decoro nacional y que será redención para los oprimidos”.

El político e intelectual hondureño Froylán Turcios (1875 – 1943), fue secretario del guerrillero nicaragüense, escribió, entre 1927 y 1928, según cuenta en sus Memorias y apuntes de viaje (1939): “más de cuatro mil cartas a los hombres prominentes de todo el mundo y a las instituciones de carácter cívico de que tuve noticias, haciendo conocer el proceso del movimiento libertario” … “los patriotas peleaban, en las montañas nicaragüenses, contra los invasores anglo-sajones”. Turcios fue también entrañable admirador y amigo de Rubén Darío.

Sandino escribió una carta a Froylán, con fecha 10 de junio de 1928, en donde le expresa: “Ustedes están en la obligación de hacer comprender al pueblo de América Latina, que entre nosotros no deben existir fronteras y que todos estamos en el deber preciso de preocuparnos por la suerte de cada uno de los pueblos de la América Hispana, porque todos estamos corriendo la misma suerte ante la política colonizadora y absorbente de los imperialistas yanquis”.

El guatemalteco Miguel Ángel Asturias(Premio Nobel de Literatura 1967) escribió en el Prólogo del libro “Sandino” de Gregorio Selser en 1958:

“qué mástil más inhiesto y más alto, el nombre de Sandino, vivo, excelso y reivindicador; …/… ¡Tomad la bandera de Sandino! ¡Haced de cada libro, de cada periódico, de cada papel escrito, de cada radio, de cada canal de televisión, de cada pantalla cinematográfica, una voz que clame contra el silencio que se nos quiere imponer! ¡Hablad en las plazas, en las universidades, en todas partes, de ese General de América, que se llamó Augusto César Sandino!”.

Y Salomón de la Selva (León, 1893 – París, 1959), en la novela corta, paginas inaugurales de la literatura sandinista de ficción: “La guerra de Sandino o pueblo desnudo” (1935), concluye:

“En el Chipote no amainaba el diluvio…/…

Sandino dijo a Altamirano: “¡Pero oiga esa lluvia! ¿No le parece que fuera una gran caballería? Como que de ultratumba vinieran con Bolívar al frente de los libertadores.

– ¿Y si no, General?

Sandino agachó la cabeza y parecía que lloraba”.

 

Darío, en Cantos de Vida y Esperanza, los cisnes y otros poemas (Madrid, 1905), en las últimas estrofas del poema I de Los cisnes, formula cuatro contundentes preguntas:

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?

¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?

¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?

¿Callaremos ahora para llorar después?

 

¡Aprendamos de Sandino¡ ¿Qué aprender? ¡Aprendamos de la historia!

No es patriótica la traición contra el hermano que defiende la soberanía y la autodeterminación; ni contra los propósitos del bien común de la nación y sus ciudadanos; no es digno ofrecerse al mejor postor extranjero ni prestarse al poder externo para saquear las riquezas nacionales, ni usurpar la soberanía; no es digno venderse, arrastrarse, rendirse, entregarse, … No es cristiano el oportunismo, el engaño, el egoísmo, la complicidad para ser cómplices en cortar el futuro y el desarrollo de la nación para el provecho hegemónico externo e injerencista que no acepta la capacidad de los pueblos de determinar su propio destino. Obstruye la esperanza y la aspiración legítima de los más necesitados, que son el propósito revolucionario de prosperidad y equidad, la opción preferencial por los pobres.

Podríamos enunciar en diez (10) puntos el legado imperecedero del inmortal Sandino, nuestro compatriota, es su pensamiento visionario y su lucha heroica:

Soberanía y autodeterminación de los pueblos
Dignidad
Fidelidad a la patria y a la independencia
Solidaridad entre los pueblos
Firmeza y convicción
Persistencia
Consecuencia entre pensamiento y práctica
La traición: inaceptable
Fe en el pueblo
Confianza en el futuro

Darío y Sandino, hermanos de origen, de perseverancia y dignidad, Padre de la Independencia Cultural y Padre de la Revolución Popular y Antimperialista respectivamente; ellos, desde la “insignificancia” se remontaron para hacer lo que parecía imposible. Sucesos inesperados e improbables que surgieron de repente y causaron un gran impacto.

El primero conquistó la identidad de la lengua latinoamericana, desde la periferia política, económica y cultural impuso su renovación en la poesía y la prosa española, contra todo pronóstico, a pesar de la adversidad.

El segundo, con su Pequeño Ejército Loco, venció la superioridad militar de la intervención extranjera, no se dejó doblegar por el poderío imperial. Impuso la fuerza moral de la razón con valentía.

La aguda sensibilidad estética e innovadora de Darío y el férreo compromiso patriótico de Sandino, son dos referentes ineludibles, de nuestros dos compatriotas indispensables –como hubiera dicho José Coronel Urtecho-, que nos unen como identidad nacional, inclusiva y tolerante, por la paz y la vida.

Ambos vencieron el olvido y superaron la indiferencia. Parafraseando a Neruda, desde aquí, desde Nicaragua, “se levantó el canto más alto” …, -según la metáfora-, el canto de nuestros cisnes negros: Darío y Sandino…

¡Viva Sandino!