28 de Marzo de 2010 |
Valeria Imhof
Mujer de hogar y mujer de trabajo. Así se puede sintetizar en dos palabras el temple de la mujer nicaragüense. Es por eso, que muchas de ellas no tendrán descanso en esta Semana Santa.
Seguirán trabajando en el hogar o saldrán a vender sus productos como lo hacen todos los días para sobrevivir y mantener a sus hijos.
“No hay descanso para nosotras”, dice Ana Elena García, una señora morena, delgada, de 40 años, que vende gafas en uno de los semáforos de Managua.
Ella vive, junto con sus tres hijos, en el barrio de Haialia. Su rostro delata el sacrificio, tensón y fortaleza de la mujer nicaragüense.
“Yo trabajo toda la Semana Santa, me voy desde el sábado de Ramos hasta el domingo de Resurrección a las playas porque en estos días es cuando más vendemos”, relata Ana Elena.
“Yo soy mujer de hogar y mujer de trabajo, me levanto muy temprano de mañana, hago los quehaceres de mi hogar, después vengo a trabajar a las siete de la mañana y me voy hasta las seis de la tarde”, agrega.
Dice que el sol es su peor enemigo. “Nosotros nos asoleamos todo el día, desde que se enciende la luz del sol hasta que se apaga pero aunque se apague el sol en mí por lo menos aquí hallo el diario”, agrega.
Ruth Calero vende agua helada en el mismo semáforo que Ana Elena. Para ella tampoco existe la palabra descanso. “Trabajo en mi casa y aquí porque soy madre soltera y tengo que darles de comer a mis seis hijos”, expresa.
En el mercado Israel Lewites dos mujeres han terminado su faena del día. Ambas venden pescados y mariscos. “Esta es la temporada de nosotros porque es cuando se logra más. Yo dejo de vender sábado y domingo pero sigo trabajando en mi casa lavando, planchando, viendo al niño, solo doy una paseadita el domingo Santo y el lunes otra vez al trabajo”, dice Marlene Bello, originaria de Masachapa y madre de tres hijos.
Para Carmen Espinosa, la irresponsabilidad paterna es una de las razones por lo que las mujeres deben salir a trabajar. “En mi caso él se fue y me dejó mis hijas y entonces tengo que luchar para mantenerlas y darles los estudios, mas cuando no es preparado se debe luchar más la vida”, dice Carmen, quien vende mariscos en las calles.
María Félix López tampoco saldrá de vacaciones. Seguirá vendiendo sus tortillas y tamales como todos los días del año. “Tenemos derecho a descansar pero hay que trabajar para mantener nuestros hijos”. En su caso, sus hijos le ayudan a los quehaceres de la casa. “Ellos ya están grandes entonces puedo descansar un poco”, dice esta mujer originaria de una comunidad llamada San José en Masatepe
“Las mujeres trabajamos siempre el doble. Yo hago tortillas y cuando llego a la casa limpio, cocino, lavo y plancho, la verdad que nunca descansamos”, agrega Elvina Tercero, quien vende tortillas en el mercado.